Especial suelo: firme extraseco en agosto

“Llueva o no llueva, en agosto la huerta riega”

Muchos nos extrañamos que haciendo bastante más calor en julio que en agosto (las máximas se producen siempre en julio, a excepción de este 2019 con un junio de aúpa, con ¡44 grados!), sea ahora cuando aparecen las calvas más rápidas e intensas en el césped, o las marchiteces más escandalosas a poco que te descuides en el riego de toda clase de plantas, aunque hay algunas que sufren mucho más que otras; de ahí nuestra continua recomendación de adoptar especies xerófilas (amantes de la sequedad).

El motivo se halla en que en julio aún quedan reservas de agua en el terreno, pero va perdiéndola de abajo arriba a medida que las “precipitaciones de base” faltan. Podríamos llamar precipitaciones de base a las que aportan agua de sobra para enriquecer o ir llenando la capacidad de retención del suelo; con nuestros riegos, siempre ajustados a las necesidades más acuciantes para que no se produzcan marchiteces y marras, el agua va desapareciendo de las profundidades, y eso provoca mustiedades rápidas. Así que ojo con los olvidos de riego en agosto…

Por lo demás, en este mes el jardín tiene pocas flores, pero ¡qué flores! Comienzan las tardías, con los hibiscus y los Júpiter en cabeza, las adelfas están al máximo y las dalias iluminan los macizos, como las hortensias y, cómo no, los deliciosos geranios.

¿Qué está pasando?

En agosto el  jardín se estabiliza y luce lo indecible con esa tranquilidad que da la parada estival. Lo saben las aves, que disfrutan eludiendo el calor a mediodía y alegrando el ambiente al atardecer. Y lo sabes tú, que armado con un libro, tu guitarra o, qué remedio queda, tu tablet o teléfono móvil, acudes a tu rincón favorito a “pastar en solitario” mientras otros, sufridos turistas, se agolpan en las calurosas calles de las ciudades de moda, ¡pobres!

Ahora mismo:

  • Maduran las claudias. Entre todas las ciruelas que puedes plantar en el jardín, la más tardía es la Reina Claudia, francesa y riquísima. Tanto para boca en crudo, como en confituras, su sabor es inigualable y la firmeza de su carne, de lo más agradable. Atención, este ciruelo es sensible a la temible gomosis; riégalo sin mojar el tronco.

  • Tus rincones, al 100%. Teniendo en cuenta que la mayoría de la población se encuentra de vacaciones en agosto, contigo entre ella, bueno será que mantengas en perfectas condiciones tus rincones favoritos de estancia para disfrutarlos al máximo. Que no se vean alterados o entorpecidos por hierbajos o ramas bajas secas de los árboles de sombra.

  • No te acerques a los avisperos. En estos momentos del año, las avispas no están de humor. La comida escasea y han buscado (y encontrado) rincones elevados o no tan elevados para construir sus sensacionales nidos. Este de la foto es “de papel”, pero también los hacen de barro informes o incluso las “alfareras” de barro con forma de tinaja preciosa. Lo dicho, ándate con ojo porque no sólo pican, sino que lo hacen en tropel…

¿Qué va a pasar?

No cabe duda, a partir de mediados sucederá lo que canta el refranero “agosto, frío en rostro”, y habrá que ir con una rebeca a todos lados, sobre todo desde la caída de la tarde. Las mañanas de agosto son tan maravillosas que uno no acaba de creérselo: frescas, luminosas, apacibles, dignas de disfrutar mientras va pasando otro verano…

  • A mediados, luna llena. Y no es una luna llena cualquiera, es la “luna pálida de agosto”, esa que glosó el cineasta japonés Mizoguchi con su hermosísima película “Cuentos bajo la luna pálida de agosto en un día de lluvia”. Este año cae exactamente a mediados de mes, en la noche del 15 al 16. Apúntalo en la agenda…

  • Las algas pelearán con las acuáticas. A las algas, esas briofitas incansables, les encanta agosto y sus días un poco más cortos. Si te descuidas y no coges la red a menudo te invadirán. Aunque también puedes recurrir a las especies acuáticas de hojas flotantes, que les impiden su emergencia, como el nenúfar (Nymphaea alba), que además aportará belleza a raudales al estanque.

  • Irán llegando las bayas… A pesar de que anuncian el final del verano, las bayas son frutos que nos llenan siempre de alegría, vida, vigor… Las del espino de fuego (Pyracantha coccinea) son luminosas, pero las del serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), espectaculares. Y las del espino albar de la foto (Crataegus monogyna) maravillosas. Disfrutar las bayas es siempre tomar conciencia de lo que está sucediendo en el jardín, el campo, la vida…

 

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